En mi mente,
abres pasillos de agua
con sonido perfecto.
Me transitas humedales,
hasta desplegar
tornasoles costeros.
Tú me viajas, acuoso,
sintiendo...
lo que siento.
© RoseMarie M Camus's Poetry & Photography
Se me vienen de golpe
todas las edades,
cuando el viento
despeina este silencio
y rompe la seriedad.
Se aligera lo descalzo
y tengo veinte, cincuenta,
al mismo tiempo,
y cuando escribo un verso,
tengo cuatro,
de pura felicidad.
© RoseMarie M Camus's Poetry & Photography
Se abren las puertas,
el viento es la ráfaga
de un primer intento
que vuela tus deseos
y estás ahí,
con las manos vacías,
sin saber qué hacer,
escondiendo en el alma
un sobresalto.
© Internet's Photography
© RoseMarie M Camus's Poetry & Designe
Junto a su sombra
en las horas nocturnas
camina un hombre
recordando la vida
donde le habla el silencio.
© Benn Mitchell's Photography
© RoseMarie M Camus's Poetry & Designe
Sobre el camino
llueve la muerte
o más bien, germina,
como mala hierba.
© RoseMarie M Camus's Poetry & Photography
Él quería saltar
por el lado más visible de la luna
y completarme la silueta.
Creía que éramos sólo uno
y que para verme,
yo deshojaría entre mi pelo,
margaritas con brillitos de libélulas.
Pero sólo conseguía disimular su pena,
al contacto de la noche sin estrellas.
© RoseMarie M Camus's Poetry & Photography
No cortes las lavandas,
se deshojan
a la hora que deben.
Su perfume, abruma
la felicidad que siento.
Si no tuviera estas manos
para abrazarlas,
quiero este asalto
y perderme en ellas,
impregnada de ellas,
en esta felicidad
que abruma y que siento.
© RoseMarie M Camus's Poetry & Photography
A Mauricio Escribano...
Él tiene
la mirada triste
y hace poemas
a la ciudad,
porque la busca
en la ciudad,
despertándole
los días...
pintando soles
en las esquinas
y brisa fresca,
para enredar
en su pelo
la alegría,
cuando la vea.
© Internet's Photography
© RoseMarie M Camus's Poetry & Designe
En el país de las sombras,
alguien,
camina a mi lado,
toma mi mano,
me entrega una rosa
y un beso,
que no se termina.
Alguien,
que duerme mi sueño,
nos despierta.
© Internet's Photography
© RoseMarie M Camus's Poetry & Designe
Detrás del juego
de la luz,
baila el silencio,
pero se agita
y viste su voz,
su eco,
entre las hojas.
© RoseMarie M Camus's Poetry & Photography
Se mira en el espejo.
Hay un puñado de ella,
sobre la barra
y un pañuelo rojo,
que se abre hasta sus piernas.
Se mira en el espejo
y hay consenso,
hay una lágrima transitando
entre la luz de la calle,
que mira hacia el espejo.
© RoseMarie M Camus's Poetry & Photography
Éste es él,
confinado en la rama,
en la arista del trino,
en el nido que vuela
su lleno de pajaritos.
© RoseMarie M Camus's Poetry & Photography
El gatillo apunta
sobre sus ángulos,
la vista no desmaya
pero el miedo,
titila en los ojos,
acecha... y no es
el rugido de la montaña,
es la lágrima
que la desborda.
© RoseMarie M Camus's Poetry & Photography
No creías en el mar,
porque el mar,
era para ti,
una escalera sin fin,
que colindaba
paso a paso,
con lo imposible...
por eso, abrazabas
cada peldaño
desafiando la cordura
de lo inverso y sólo,
sentías sequedad
en las alturas,
donde seguramente,
era yo tu precipicio
y abrevadero,
extendiéndote las olas.
© RoseMarie M Camus's Poetry & Photography
Me llevaban tus pasos.
A veces, el día
abría sus ventanas
cuando caminabas
al lado mío.
Esa pequeña alegría,
moldeada de luz,
entraba a la casa
y nadie podía pensar,
que sólo el sol,
hacía despertar
a las mañanas.
© Sergio Larraín's Photography
© RoseMarie M Camus's Poetry & Designe
El río improvisaba un viaje
y querías soltar amarras,
pero alterabas el paisaje,
con la ronda sin fin,
de aquellos besos.
© Willy Ronis's Photography
© RoseMarie M Camus's Poetry & Designe
El amor,
nos había roto el alma
y después de todo,
seguían sangrando
nuestras pisadas.
Pero a donde fuimos,
nadie jamás lo supo
ni siquiera, la amalgama
del aquel nosotros.
© Katia Chausheva's Photography
© RoseMarie M Camus's Poetry & Design