Hay un espejo
que nos separa.
Tu vida y la mía,
son nítidas historias
cuando nos vemos.
Revelan sin preguntas
nuestras miradas,
como pisadas
en el recuerdo
de sus arenas.
© RoseMarie M Camus's Photography & Poetry
En el presente,
los días tienen más pasado,
que futuro.
© Internet's Photography
© RoseMarie M Camus's Poetry & Designe
Había silencio,
siempre había silencio,
como si las palabras
se esculpieran en su tumba.
Así, como un desierto,
que se asola a sí mismo.
Un raudal correntoso
pero enmudecido.
© Katia Chausheva's Photography
© RoseMarie M Camus's Poetry & Design
De seguro había sol,
donde pusiste los ojos.
En mí, había luna,
fría y lejana,
como voz de ultratumba.
Pero insististe,
desamarraste mi maleza,
entibiaste,
hasta mi piel seca,
y no pudiste
tocarme por dentro.
Era yo,
mi propio calabozo,
sellado por la muerte.
© RoseMarie M Camus's Photography & Poetry
Hemos abierto las manos,
como en un sueño,
que se extiende mar adentro.
Tan seguros, el uno del otro,
corremos en la brisa
entre la sal y el miedo,
sin pensar en el consuelo
que habita la soledad del triste.
Así, como un eco sin voces,
que siempre nos reúne y nos aleja,
inexorablemente.
© RoseMarie M Camus's Photography & Poetry
Andaremos sin huellas,
sin vestigios de sol,
sin recodos donde apostarnos.
Donde las raíces germinen
antes de morir y el mar,
termine de parir nuestro dolor.
© RoseMarie M Camus's Photography & Poetry
Giramos las lámparas
esperando al sol
y donde dejamos las manos,
se abrieron los astros
inundando de cielo,
al insistente desierto.
© RoseMarie M Camus's Photography & Poetry
A solas entre las horas,
el vaivén del movimiento
nos insinúa el detalle.
Alcanza la hoja su destino
si se tiñe de ocre,
el barco que se aleja
con un sueño
entre sus anclas,
el dueño de la dicha
que no alcanza.
Después de todo,
nos aguarda entonces,
sólo un segundo
si cerramos los ojos,
al abrirlos.
© RoseMarie M Camus's Photography & Poetry
En un día de cuatro estaciones,
el tiempo detenido y a fuerza,
del frío invierno, la lluvia
tintineando en los espejos.
Luego, el sol tras el viento
y de entre un libro,
una flor que resucita.
© RoseMarie M Camus's Photography & Poetry
Navegaste dos cielos
para llegar a mi encuentro.
Sin embargo, al decir adiós,
esas aguas inundaron mis ojos.
Quizás, sea por eso,
que el amor es azul
y zarpa al silencio,
tras la partida.
© RoseMarie M Camus's Photography & Poetry
Tráeme todas las letras
para coser mi vestido.
A un costado,
le escribiré alas
y emprenderemos el vuelo.
Más arriba,
bordaré la palabra boca,
para llevarte en un beso,
a recorrer nuestra historia.
© Rimel Neffati's Photography
© RoseMarie M Camus's Poetry & Design
Me estiras la mano
cuando recojo mi cabello.
Te adornas con mi sonrisa
y fluyes,
como pompas de jabón.
Somos niños
en el aro de la vida,
jugando a que todo es cierto.
© Katua Chausheva's Photography
© RoseMarie M Camus's Poetry & Design
Hemos de recorrer
el patio de la luna,
allí, donde no hay recuerdos
y el silencio,
nos hace presos de su luz.
Así, cada uno, ciego y sordo,
podrá seguir viviendo,
en las noches y en los días
del insomnio.
© RoseMarie M Camus's Photography & Poetry
De pie en la acera
saluda a la mañana
vestida en rojo.
© Internet's Photography
© RoseMarie M Camus's Poetry & Design
Hay flores,
luego del nudismo.
Cortan el aire
con su fragancia,
se impregnan
en los miembros,
sacuden la nostalgia.
Siempre hay flores,
decapitando el silencio,
como voces al viento,
aliadas... de pájaros.
Hay flores,
siempre hay flores,
desgarrando sentimientos.
© Antonio Merini's Photography
© RoseMarie M Camus's Poetry & Design
La mañana bordada de gaviotas
y un perfume a recuerdo,
en la niebla de sal y agua
y tú, tan callado...
palpitando mil murmullos
en el viento.
© Sergio Larraín's Photography
© RoseMarie M Camus's Poetry & Design