No siempre se puede volar,
cuando los brazos se atrapan
y el corazón se anida,
en su propio horizonte.
A veces, sólo basta,
ese último rayo de sol,
para subir hasta el cielo
y sin mirar las sombras,
hacer, el besar su boca.
No siempre se puede volar,
cuando los brazos se atrapan
y el corazón se anida,
en su propio horizonte.
A veces, sólo basta,
ese último rayo de sol,
para subir hasta el cielo
y sin mirar las sombras,
hacer, el besar su boca.
Ahora,
que se encorva la mirada
de voces y de hombros,
como si temiéramos descubrir
sobre este baldío
tan poblado de sombras,
este paso del tiempo.
Ahora,
sin preludios,
sin fronteras,
sin severa angustia
sin compañía,
podemos despedirnos.