sábado, enero 14, 2017
CUANDO LA FELICIDAD...
Le disparaba silencios
a las horas
y besos a mi boca.
Se cubría entonces,
con mi escote
y de reojo
me hacía saber,
que a veces,
cuando la felicidad
nos implora,
ni las horas
ni el silencio,
importan.
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